El director del colegio icodense de La Vega nominado a los premios ‘Educa Abanca’

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Se llama Ricardo Acosta Alonso, tiene 40 años y es de Los Realejos, aunque desde hace cinco imparte clases y es director del CEIP La Vega, en Icod de los Vinos. Además, es considerado por segunda vez como uno de los 50 mejores maestros de España según los Premios Educa Abanca, una especie de los ‘Goya’ de la educación en España ya que reconocen la labor desempeñada en el último curso académico, su implicación en el proceso de enseñanza y su importancia para la sociedad.

La primera ocasión fue en 2018 y la segunda en 2020. La propuesta salió hace un mes e igual que en anteriores convocatorias abarca distintas especialidades, Infantil Primaria, Secundaria, Formación Profesional y Universidad.

Son las distintas familias, tanto de actuales como viejos alumnos, quienes realizan la propuesta y a partir de allí comienza un seguimiento a los méritos y otras cualidades del docente.

Es el único de Tenerife de los siete nominados en Canarias, y a él se suman 3 docentes de Fuerteventura y el mismo número de Gran Canaria.

Aunque los méritos que exige la convocatoria sean en su mayoría académicos, como participar en investigaciones, organizar jornadas de formación, tener presencia en los medios de comunicación, publicar libros y artículos en revistas, tener presencia en las redes sociales y plataformas y realizar propuestas innovadoras en el aula, su mayor logro consiste en haber resucitado el colegio y conseguido que las familias volvieran a participar en la educación de sus hijos e hijas.

Cuando llegó al CEIP La Vega, en el año 2016, Ricardo tuvo que abrirlo prácticamente de nuevo. El panorama con el que se encontró fue desolador, un colegio que tenía muy pocos alumnos, sin un equipo educativo, y con unas instalaciones deficientes. Junto a él también debutaban seis maestros y en ese momento el inspector tuvo que nombrar a alguien que asumiera todo tipo de funciones además de la de director.

Ricardo es conserje, administrativo, jefe de estudios, secretario, y además, profesor de Educación Física y Matemáticas, sus dos especialidades. Al principio confiesa que lo pasó bastante mal, de hecho, bajó de golpe 20 kilos, pero después de los primeros meses comenzó a cambiar el centro, primero la infraestructura, y después se centró en la metodología.

Además, abrió las puertas del cole a las familias, que llevaban años sin involucrarse, creó el comedor escolar, un aula de ajedrez, otra de psicomotricidad y puso en marcha el huerto escolar. Todos estos proyectos se consolidaron al año siguiente, al ser renovado en su cargo.

El primer año Ricardo fue director por casualidad pero ha llegado al quinto en este curso. Su intención era irse pero empezó a hacer cosas y las familias iniciaron una campaña de recogida de firmas que presentaron ante la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias y se quedó un año más. El curso siguiente lo nominaron como uno de los mejores docentes de España y casi “no lo dejaron salir”. Y así hasta hoy.

Proyecto pionero que une ajedrez y robótica

El curso pasado implementó Ajebótica, una iniciativa pionera en Canarias en la que se fusionan el ajedrez y la robótica, fomentando las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

Para impartirlo, convirtió un aula que estaba llena de muebles inservibles en una sala equipada con tableros, tablets y una pizarra digital de segunda mano.

“Los niños no solo aprenden ajedrez en horario escolar sino que con la unión de la robótica y el pensamiento computacional, se enfrentan en tableros a través de robots que tienen que programar para que se muevan como piezas de ajedrez”, explica.

Esa mezcla entre ambas disciplinas hizo que fuera considerado uno de los mejores proyectos de educación en Canarias y es el que le ha permitido su continuidad en el centro, aunque no sabe hasta cuando porque tiene su plaza en otro colegio.

Quedan apenas dos meses para saber si pasa la segunda selección de los Premios Educa Abanca, ya que en noviembre se conocerá el listado con los diez finalistas de España. Y aunque no está pendiente de ello, no oculta que “te pone un poco nervioso y ansioso” el tener que estar subiendo y buscando todos los méritos que acrediten ser merecedor del premio.

No obstante, todos los datos que se aporten tienen que ser del último curso escolar, es decir, 2019-2020, no valen de años anteriores, con lo cual la búsqueda también se reduce.

En su caso es una tarea compleja porque no puede desligarse de todas las que tiene a diario en el colegio en las que está implicado las 24 horas del día. Una de ellas es ayudar a las familias que más lo necesitan porque es consciente de que sus alumnos viven en una zona con muchas dificultades socioeconómicas. Por eso tiene contacto con varias ONG y asociaciones para ayudarlos con la comida y que el día de Reyes ningún niño se quede sin regalo.

Hay madres que lo han llamado a última hora de la tarde para avisarle que su hijo no llevará el desayuno al día siguiente porque se le terminó la paga y no puede comprarlo y “sale corriendo” al supermercado, consciente de que un menor sin una alimentación adecuada tiene mayores dificultades para concentrarse y aprender.

La pandemia, un problema añadido

Durante el estado de alarma, Ricardo y todo el equipo educativo del colegio se enfrentaron a una gran dificultad al tener que impartir las clases online. “Hay niños que ni siquiera tienen ordenador en casa o lo tienen que utilizar sus progenitores para trabajar”, detalla. También están los que viven en zonas muy altas donde no llega internet, mientras que hay familias con las que no había posibilidad de contactar por teléfono”.

La única alternativa que encontraron para que los alumnos del CEIP La Vega pudieran seguir estudiando fue la de pedir ayuda al Ayuntamiento y a empresas externas para que imprimieran el material escolar y llevaran la fotocopias a sus domicilios.

“En la escuela los educamos y los involucramos en las nuevas tecnologías, pero somos conscientes de la realidad y es que no todos los estudiantes tienen acceso a ellas, ya sea por la situación económica o por la zona en la que viven”, sostiene Ricardo.

Este hombre que hace malabares para poder educar y sacar adelante un colegio tiene un máster en afrontar contratiempos y dificultades. Por eso su método educativo se aleja de lo tradicional y se basa en proyectos, para ayudar a los niños a comprender, desde nociones prácticas, hasta las diferentes materias teóricas que se enseñan en cualquier centro escolar.

Es decir, crean sus propias situaciones y problemas y los alumnos aprenden a afrontarlas y resolverlas porque es lo que se van a encontrar fuera del aula en un futuro.

Lo mismo que le pasó a él y que supo afrontar con gran éxito, además de ser querido por padres, madres y alumnos y ser considerado en dos ocasiones uno de los 50 mejores docentes de España.

Fuente: Diario de Avisos (Gabriela Gulesserian)

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